No es difícil lograr un consenso en la propia ignorancia.
El errático humano siempre tiene virtudes y egoísmos escondidos.
Entonces, cuando se unen las virtudes y los egoísmos, se llega a un fin común casi sin darse cuenta.
Nadie quería elegir, nadie quería asistir, sin embargo todos los que aunaron fuerzas en su interior eligieron.
Con miedos, con incertidumbre, con silencio, con fobia….
Caminaron hacia esa caja prehistórica, para llenarla de sobres de escarmiento.
Gran parte de todos, votó con sentimiento de rabia contenida, como los que se quedaron en casa. Un gesto de repulsa ante la soberbia que azota y se cree inexorable.
La soberbia, altivez y arrogancia, de quienes se creían intangibles e incluso apreciados, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, hoy es una fábula.
Fabula que poco a poco y a través del tiempo, será un claro matiz del consenso de quienes, con agobio, volverán a concentrar sus fuerzas, caminaran otra vez hacia la caja prehistórica, pero la llenaran de sobres de esperanza.
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Hace 10 años